Giro lingüístico y paradoja visual

Consideraciones sobre las fotografías de Álvaro Pérez Mulas

En sus estudios sobre el inconsciente óptico Rosalind Krauss recordaba que el pintor norteamericano Frank Stella decía a menudo que la persona a quien más admiraba era el jugador de baseball Ted Williams, el cual presumía de tener una visión tan rápida que era capaz de ver las costuras de la pelota cuando ésta sobrevolaba la base. La excepcional mirada del deportista atraía al pintor por su capacidad de ampliar el espectro de lo visible y superar la mirada natural descubriendo detalles de un mundo que no podríamos percibir de otra manera y accediendo con ello a una suerte de “estado abstracto” de la visión.

La mirada fotográfica de Álvaro Pérez Mulas llega a capturar detalles en los objetos y las superficies urbanas que la vista humana no es capaz de detectar, pero no tanto porque que sean invisibles como porque su “humilde objetualidad” los hace pasar desapercibidos. Queremos decir con ello que lo que se descubre en estas fotografías, nunca será lo visto por quien pasó cerca de esos objetos; y aquí radica el valor de las mismas; su capacidad de revelación y transfiguración, pues al final las imágenes resultantes son autónomas respecto al referente objetivo del que han sido seleccionadas. De este modo la fotografía recoge una vieja finalidad de la pintura: hacernos ver lo que de otro modo no veríamos; hacernos conocer lo que de otro modo no conoceríamos…

Como todos saben la fotografía nació con la ilusión de ser el medio que podía fijar más exacta y objetivamente que ningún otro la realidad, inmovilizándola y bidimensionándola. Pero los diferentes espacios discursivos desarrollados por este soporte en los últimos años han logrado dar ese giro de tuerca que hace que lo falso se convierta en verdadero, el engaño se perciba como certeza y la realidad –o más bien los indicios de lo real-: como abstracción.

Como ha señalado Jean Baudrillard, la técnica de la fotografía nos lleva más allá de la réplica y el trampantojo. A través de su juego irreal con la mirada, su inmovilidad, su silencio y su reducción fenomenológica de movimientos, la fotografía se reafirma a sí misma como la más pura y al tiempo, la más artificial exposición de la imagen. La visión fotográfica transforma la mirada y provoca un doble juego entre realidad y simulacro que amplifica el concepto de ilusión hasta el infinito.

En las fotos que Álvaro Pérez Mulas presentó hace dos años en la Galería Adora Calvo bajo el significativo título: “RECONFIGURACIONES”, de las cuales su nueva serie “SUBLIMINAL” son una continuación lógica; la abstracción –si así pudiera llamársele- aparecía casi como un enigma, pero también, -siguiendo a Baudrillard- “como una realidad más real que lo real”. Algunas imágenes se percibían -y se perciben todavía en la nueva serie- como “paisajes de la objetualidad cotidiana” que se transfiguran a través de la mirada fragmentaria del objetivo fotográfico; lo cual las convierte en autónomas, es decir: en fragmentos constitutivos de un universo que se aleja de lo real para constituirse, por encima de todo, en “espacio pos-pictórico”.

Pérez Mulas se ha ido moviendo en las series fotográficas que preceden a su nuevo trabajo en el territorio de la paradoja pues sus fotos revelan el universo radicalmente no objetivo que reside dentro de la estructura de los objetos –y ahora también de las palabras- . La imagen se enmascara en tanto que huella de lo real pues la fragmentación y el aumento de escala contribuyen a aislarla de su referente llevándola virtualmente, al territorio de la abstracción, pero nunca llega a perder del todo su capacidad descriptiva. En cada imagen queda evidenciada la inspiración objetual pero también su intercambiabilidad con los modos de la pintura entendiendo por tales el mantenimiento del formato, -de la lectura frontal- y sobre todo del lenguaje y los signos plásticos -las composiciones determinadas por dibujos lineales, texturas y campos cromáticos-, así como el espacio de representación, limitado por unos imaginarios márgenes cuadrangulares que incitan a la contemplación bidimensional. Cada una de estas fotos se postula de modo independiente como una “ficción objetiva” una “re-configuración fragmentaria de la realidad” que llegamos a percibir, -sin saberlo- como: “la imagen simulada por la apariencia de la imagen”.
Ahora bien, cuando las “formas del lenguaje” entran en colisión con el “lenguaje de las formas” como sucede en la nueva serie fotográfica, las reglas del juego interpretativo pueden llegar a variar…

En el proyecto que ahora presenta en el Espacio Emergente del DA2 bajo el título “SUBLIMINAL” Alvaro Pérez Mulas da una nueva vuelta de tuerca a su trabajo anterior y establece lo que podríamos denominar: un “giro lingüístico” de orden conceptual que transforma las imágenes en “fonemas” y las formas en “signos comunicativos” que interrogan -tautológicamente- al espectador sobre el verdadero significado de aquello que está viendo: ¿lo que miras es lo que ves?

En cada imagen siguen quedando evidenciadas como ya hemos visto: la inspiración objetual y la inspiración pictórica; pero también su intercambiabilidad con los modos del lenguaje y hasta cierto punto de la poesía visual. Este desdoblamiento provoca una tensión equidistante entre los tres vértices del triángulo: abstracción, representación y comunicación; pues en cada foto nos encontramos con la huella, el rastro, la disección y el referente; pero al mismo tiempo asistimos a una suerte de “asesinato simbólico del objeto” en favor -aparente- de los signos del lenguaje; lo que a buen seguro: hará sonreír a los conceptuales más recalcitrantes y provocará una cierto estado de perplejidad en el espectador.

La lógica de un uso sintáctico de las palabras transmite dudas y decisiones sobre el significado de los signos y las formas, lo que de algún modo sería comparable al análisis de las “condiciones de la verdad” tal y como fueron formuladas por Wittgenstein. Así pues, podemos concluir destacando que para Pérez Mulas la sintaxis lógica –tanto si nos referimos al lenguaje como a las formas- existe para ser pervertida desde dentro. Las “formas-fonema” son como un virus que se auto-duplica y que sólo puede ser destruido por otro virus más fuerte y resistente y está claro que en este caso sólo las paradojas visuales (y no los diccionarios) tienen la capacidad para hacernos dudar y en consecuencia “diseccionar” el “lenguaje de las formas” con la misma intensidad que las “formas del lenguaje”.

F. Javier Panera Cuevas